Diario de Siberia VIII: Irkutsk y el lago Baikal

27 de octubre de 2017

Irene Corchado

Día 1

Llegamos a Irkutsk casi a las cuatro de la tarde. Cuando el tren se va acercando a la ciudad veo un puente grande sobre el río Angara y enormes bloques de pisos. En la estación se bajan muchos soldados y hay reencuentros familiares con abrazos, besos, flores y sonrisas con dientes de oro. Nada más bajarnos del tren sentimos una bofetada de calor repentina.

Irkutsk es, sin duda, el sitio más turístico de todos los que hemos visitado en Siberia. Hay bastantes turistas occidentales y los carteles están en ruso y en inglés. Nos subimos al tranvía y nos damos cuenta de que esta es una ciudad ciudad, con muchos semáforos y pasos de cebra, aceras con pocos agujeros, menos edificios ruinosos y gente mejor vestida en general.

El alojamiento está bien, pero resulta un poco decepcionante. Pensaba que la familia vivía allí y alquilaba una habitación o dos, pero resulta que vive en el piso de al lado y alquilan este entero tipo hostel, por lo que el contacto con ellos es mínimo. En total somos siete huéspedes y solo hay un baño, por lo que las colas son constantes. Además, a veces hay dos chicas juntas en el baño con la puerta abierta y alguien pone todo perdido de agua cada vez que entra.

La calle de Karl Max es una de las principales y más comerciales. Seguimos una ruta a pie marcada en el suelo con una línea verde y vemos el circo por fuera y varios edificios históricos. Luego caminamos hasta el arco junto al río (Moskovskie Vorota) y damos un paseo por la orilla. Me llaman la atención unos paneles grandes con fotos de niños y me acerco a leer:

«En Irkutsk, siete niños se quedan huérfanos cada mes».

«En Irkutsk, los orfanatos y los centros de acogida reciben todos los meses a 40 niños nuevos».

Esta es la otra cara de Irkutsk, la que pasa desapercibida para los viajeros que no manejan el idioma, ya que la información está solamente en ruso. Los paneles chocan con la imagen de niños felices que, a pocos metros, van montados en cochecitos eléctricos, una atracción habitual en las plazas y los paseos fluviales de otros lugares como Jabárovsk. Los números, aunque puedan no parecer grandes, sorprenden si se tiene en cuenta que son solo de Irkutsk, una ciudad con una población inferior a la de Zaragoza.

Después cruzamos el parque de Kirov y cenamos en un falso italiano. La camarera no nos sienta en el restaurante, sino en el bar, donde hay dos holandesas bebiendo cerveza y hablando demasiado alto. El dueño es un tío raro que hace comentarios poco acertados sobre los vegetarianos y no quiere que pida la pizza de verduras. Dice cosas como «Solo tengo eso en el menú para los ingleses» o «Las verduras vienen de Asia y no saben a nada. Son como de plástico» y otras lindezas. Estoy por decirle que la carne por estas tierras no es que sea buena precisamente, pero estoy cansada y quiero comer. Le dijo que quiero verduras, aunque sean de plástico, y que me traiga la pizza que pido.

Día 2

Nos levantamos temprano y vamos al mercado central a coger el minibús que nos llevará a Listvyanka y el lago Baikal. Mientras esperamos a que se llene el minibús llega una chica que está comiendo un helado de cucurucho enorme. No son ni las nueve de la mañana. El trayecto dura una hora y no es demasiado agradable (te cuento la historia completa en este artículo).

Como ya habíamos imaginado, el pueblo de Listvyanka es muy turístico, ya que es el punto del lago Baikal más cercano a Irkutsk. Es una especie de paseo marítimo chabacano para turistas, una sucesión de hoteles, puestos de recuerdos, puestos de pescado ahumado y cafeterías cutres. En un principio la idea era ir a algún lugar más alejado, pero no teníamos tiempo suficiente. Hace un frío que pela y venimos los dos en manga corta muy chulos. Sopla un viento fuerte del lago que pone la piel de gallina. Se oye el chunda-chunda de algunos puestos y un hombre anuncia paseos en barco con un megáfono. Decidimos andar hasta el final del paseo y luego subir por un camino para ver las vistas. Según el mapa que llevamos, hay una plataforma de observación en un cerro, pero parece demasiado lejos y decidimos dar la vuelta tras llegar a lo que parece un recinto de investigación donde solo salen dos perros a saludarnos.

A la vuelta, los vendedores de pescado ahumado nos llaman para que nos acerquemos. Son las once de la mañana y lo que menos me apetece es comer pescado ahumado. El olor de las brasas lo inunda todo y es fuerte y característico. Huele a madera y a ramas frescas. De abedul, creo.

Acabamos comiendo en un bar donde antes hemos tomado café. En la terraza hay un hombre con un ordenador, cascos y micrófono que lleva un buen rato hablando y no pide nada. Otra vez sirven la comida de R antes que la mía. Esta costumbre que tienen de no servir al mismo tiempo me pone de los nervios.

Cuando volvemos a Irkutsk nos dedicamos a pasar la tarde paseando en busca de las bonitas casas de madera tan características de esta zona, muchas de ellas ubicadas en las calles Gryaznova, Babushkina y alrededores. Luego bajamos la calle de Lenin entera hasta la estatua del zar Alejandro III. En el río hay gente bañándose, tomando el sol y comiendo.

Terminamos el día en el 130 квартал, un sitio curioso. Lo construyeron hace unos diez años con motivo del aniversario de la ciudad. Hay réplicas de las casas de madera típicas y la mayoría son restaurantes. Hay de todo: una cafetería de buuzi, bares raros, un pub «irlandés» y restaurantes variados (un asador, un georgiano, un chino-japonés) y un castillo flotante. Da la sensación de estar en una especie de parque temático. Se ve que aquí es donde viene la gente después de trabajar, porque está lleno los dos días que vamos (miércoles y jueves). Primero tomamos algo en Жагули y vemos llegar a una pareja muy joven. Él le ha comprado a ella una rosa y le pide a la camarera que traiga un jarrón con agua para poner la flor mientras cenan, no vaya a ser que se seque en una hora y a ver qué hacemos luego. Menudo drama.

Ya en casa, hacemos las maletas y nos vamos a dormir tempranísimo, porque el dueño del piso va a llevarnos al aeropuerto a las tres de la mañana. ¡Moscú nos espera!

Mapa de Irkutsk

Alojamiento en Irkutsk

Dónde nos alojamos nosotros: Homestay in Irkutsk*
Dirección: Pionerskiy pereulok 3-22
Puntuación en Booking.com: 9,3/10
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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada de inglés y redactora de contenido (ICR Translations). Autónoma. Viajera frecuente. Rusófila. Escribo sobre Extremadura en Piggy Traveller.

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