Berlín es una ciudad apasionante y con tanta historia que encuentras un museo en cada rincón. Si estás en la ciudad solo un par de días te será dificilísimo elegir cuáles ver. No importa cuáles incluyas en tu lista siempre que visites el Stasi Museum, el museo de la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana. Es uno de los más interesantes, curiosos y auténticos.

Descubre por qué.

Stasi Museum, Berlín

La Stasi: un poco de contexto

El Ministerio para la Seguridad del Estado (conocido como Stasi) se creó en la República Democrática Alemana en 1950. Se inspiró en la KGB soviética, con la que tenía una estrecha relación. Era el organismo principal de inteligencia de Alemania Oriental y algunos lo consideran el más efectivo del mundo. Puede deberse al hecho de que, entre colaboradores oficiales y no oficiales, la Stasi contaba con 1 informante por cada 7 personas, mientras que la Gestapo (policía secreta nazi) tenía a un policía por cada 2000 personas. Contaba con diversas entidades para llevar a cabo sus labores de control extremo de la población civil en todos los ámbitos de la vida, además de un servicio penitenciario propio.

El primer jefe de la Stasi fue Whilhelm Zaisser, sustituido en 1953 por Ernst Wollweber, quien renunció a su puesto cuatro años más tarde. Desde 1957 y hasta la disolución de la Stasi en 1989, el jefe fue Erich Mielke, cuyas oficinas permanecen intactas y pueden verse en la primera planta del museo.

Para 1989 la Stasi había acumulado un número espeluznante de colaboradores: 180 000.

Después de 1989

Tras la caída del muro de Berlín la Stasi comenzó a organizar sus archivos y a destruir documentos. Entre diciembre de 1989 y junio de 1990 se quemó y destruyó un tercio de los documentos. A mediados de los noventa se estableció un centro de documentación sobre la Stasi para reconstruir los documentos destruidos. La tarea de reconstrucción es muy laboriosa. Hay más de 16 000 bolsas de documentos en total, cada una de ellas con 10 000 páginas y en 11 años se han reconstruido los documentos de unas 320 bolsas. Aún quedan muchos secretos de la Stasi por revelar.

El museo

El edificio que alberga el museo tiene tres plantas y se encuentra en un complejo de más de 30 torres de pisos de aspecto gris y deprimente donde había oficinas, supermercados, cafeterías y otros establecimientos para los empleados de la Stasi. El enorme tamaño del complejo no se veía reflejado en los mapas de la época, que simplemente mostraban un gran espacio vacío. Oficialmente no existía.

Edificio en la antigua sede la Stasi, Berlín

La exposición de la planta baja está dedicada a la formación y el desarrollo del Ministerio para la Seguridad del Estado.

La primera planta es el centro de la exposición y en ella se encuentran las oficinas de Mielke (el implacable jefe de la Stasi) y su secretaria y diversas salas de reuniones. Los muebles son todos originales tal y como se encontraron en 1989 cuando la multitud irrumpió en las instalaciones para tomar el edificio.

Stasi Museum, Berlín

Stasi Museum, Berlín

Stasi Museum, Berlín

En la segunda planta hay una exposición permanente que se explica la estructura y las operaciones de la Stasi, así como sus métodos de espionaje sobre la población civil y de reclutamiento de personal. Los empleados del Ministerio para la Seguridad del Estado debían pasar un duro proceso de selección en el que se determinaba su lealtad al partido, así como de habilidades técnicas. Además de los colaboradores oficiales había otro tipo de colaboradores no oficiales, informantes que espiaban a sus conocidos en nombre del ministerio.

Llaman la atención los diversos objetos aparentemente inofensivos que ocultaban cámaras y micrófonos, como un radiocasete, un cinturón o un termo.

cámara escondida en radiocasete

Stasi Museum, Berlín

La visita termina en una sala donde se puede ver un vídeo que muestra cómo la Stasi registraba viviendas de sujetos sospechosos y sobre la ocupación de la sede en 1989 por los ciudadanos.

Al igual que el museo de la RDA, el museo de la Stasi no está exento de polémica, en la que están envueltos tanto el gobierno nacional y las autoridades locales como los antiguos disidentes del régimen comunista de Alemania del Este.

El gobierno nacional quiere convertir el museo actual en un memorial, mientras que las autoridades locales quieren demoler el complejo entero. A los que gestionan el museo (antiguos disidentes) no les gusta ni una opción ni otra. No quieren que se destruya el museo, pero temen que la propuesta del gobierno nacional destruya la autenticidad de las instalaciones. De momento han dejado de recibir ayuda económica del gobierno central, aunque los ingresos por las visitas permiten que siga abierto. ¡Esperemos que por mucho tiempo!

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El museo y La vida de los otros

Si por casualidad no has visto La vida de los otros te recomiendo que la veas. Y pronto. Es una gran película, una de mis favoritas, y en varias escenas puedes ver algunas partes del museo, como la entrada y una de las oficinas de Mielke.

La película narra la historia de un agente de la Stasi que trabaja en una operación para encontrar información incriminatoria contra un famoso escritor y su novia, una conocida actriz. Desde el ático del edificio escucha todas sus conversaciones; al cabo del tiempo su obediencia al partido se ve mermada e intenta ayudar a la pareja a escapar de las garras de su propia organización.

Por supuesto se trata de una historia de ficción. Según los archivos de la Stasi nunca ninguno de sus empleados hizo algo semejante. La estructura interna del partido no lo habría permitido.

Aquí abajo puedes ver el tráiler. Ya me contarás qué te parece.

Si te interesa el tema…

La página web del fotógrafo Simon Menner contiene muchísimas imágenes de los archivos secretos de la Stasi. Hay fotos de formación para colaboradores, instrumentos e incluso de operaciones de vigilancia. Échales un vistazo.

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¿Has visitado el museo? ¿Has visto la película? Cuéntame qué te ha parecido en los comentarios.

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IRENE CORCHADO RESMELLA

Irene Corchado ResmellaTraductora jurada de inglés y redactora de contenido autónoma que trabaja desde Oxford como ICR Translations. Extremeña, rusófila y viajera frecuente.

 

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