Si le preguntas a un turista en el centro Riga qué hay al otro lado del río te dirá que el aeropuerto. Puede que también mencione la gigantesca biblioteca con forma de montaña que se inauguró en 2014 junto al puente de piedra, pero poco más.

La mayoría de los que visitan la capital letona se quedan en la parte «bonita» de la ciudad, situada al este del río y donde están todos los principales monumentos y lugares de interés, mientras que el lado oeste pasa totalmente desapercibido. Aquí no verás tiendas de recuerdos o bares de copas para turistas. Si te pica la curiosidad y cruzas el Daugava para conocer la otra cara de Riga encontrarás barrios residenciales, grandes explanadas y pocos transeúntes. El glamur de los edificios medievales y ornamentados del centro brilla por su ausencia y deja paso al aspecto gris, casi deprimente, de las Jrushovkas de ladrillo (edificios de cinco pisos construidos a principios de los sesenta durante el mandato de Nikita Jrushev), gigantescos bloques de pisos soviéticos y destartaladas casitas de madera.

En esta parte de la ciudad fue donde descubrí un curioso monumento que no aparece en las guías oficiales: el Monumento a la Victoria. Se trata de un conjunto escultórico de figuras humanas de enormes proporciones construido para conmemorar la rendición del ejército nazi ante la URSS en la Segunda Guerra Mundial (o la Gran Guerra Patria, como se conoce en Rusia). Está formado por las figuras de varios soldados y la de una mujer que representa la libertad. Todo ello acompañado, cómo no, de un conjunto de altísimas columnas coronadas por las estrellas soviéticas.

Monumento a la Victoria, Riga

El Monumento a la Victoria no suele aparecer en las guías por una razón: el que para unos es un símbolo de la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial es, para muchos letones étnicos, un símbolo de la reocupación soviética del país. Es tan polémico que en 1997 varios miembros de un grupo ultranacionalista intentaron bombardearlo.

Yo lo descubrí por casualidad un domingo que salí a pasear y ver qué encontraba en esta parte de la ciudad y me topé con él a poco más de diez minutos de mi casa. Se encuentra en el medio de un parque poco transitado normalmente, pero que se llena de gente cada 9 de mayo para conmemorar el Día de la Victoria. Aún tengo en mi cabeza la imagen de cientos de personas cruzando el puente en dirección al parque escoltadas por policías, todos ellos sonrientes y muy peripuestos. Niños con traje de domingo, padres con ramos de flores en la mano y nostálgicos abuelos luciendo orgullosos sus uniformes militares de gala acudían a la celebración.

Monumento a la Victoria en Riga

Si te apetece visitarlo a continuación te cuento cómo llegar.

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IRENE CORCHADO RESMELLA

Irene Corchado ResmellaTraductora jurada de inglés y redactora de contenido autónoma que trabaja desde Oxford como ICR Translations. Extremeña, rusófila y viajera frecuente.

 

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