Los británicos y el tiempo

12 de marzo de 2018

Irene Corchado

Todos los años igual. Llega el invierno, nieva un par de días y el país entero se colapsa. Cierran carreteras, cancelan trenes y autobuses, retrasan vuelos. Y llegan los titulares alarmistas, entre cuyos términos y expresiones habituales se encuentran Big Freeze, havoc, chaos, travel disruption o schools closed. A los periodistas británicos también les gusta hacer hincapié en que va a hacer más frío en Londres que en lugares como Islandia o Suecia, aunque sea cierto solo durante dos segundos.

Parece que la nieve llega de pronto, sin avisar, y a todo el mundo le coge desprevenido, lo que es muy gracioso, teniendo en cuenta que el tiempo en este país es el protagonista de la mitad de las conversaciones diarias y que todo el mundo tiene la aplicación de BBC Weather en el móvil. Me atrevería a decir que hay más gente sin Whatsapp que sin BBC Weather.

Aun así, la gente se sorprende de que hoy haya nieve, aunque ayer ya lo anunciaran en los medios. Nadie lleva cadenas en el maletero por si acaso y se monta un follón en las carreteras que es digno de ver. Todos se quejan mucho durante un día o dos y luego se les pasa. El estado quejumbroso tarda en desaparecer lo mismo que la nieve, así que, durante el resto del invierno se olvidan de aquella nieve que cayó en diciembre o enero.

Después en verano sucede lo mismo, solo que con el calor, para lo que tampoco parecen estar preparados. Cuando llega una ola de «calor» a Londres (cualquier temperatura por encima de los 20 grados ya se considera calor) los británicos se revolucionan y no paran de quejarse a diestro y siniestro en alto, llamando la atención y resoplando muy fuerte mientras esperan el metro e incluso estableciendo contacto visual con otros compañeros de trayecto al trabajo con cara de estar a punto de sufrir un soponcio, como pidiéndoles que les den la razón con un gesto.

Y enseguida llegan los titulares: «Hoy Londres sufrirá unas temperaturas propias del desierto» u «Hoy hará más calor que en Mallorca». Lo que no dicen las noticias es que sí, hará más calor hoy en Londres que en Mallorca, pero será solo un día en el que, casualmente, hay una borrasca en Mallorca que ha hecho que las temperaturas hayan bajado 10 grados de golpe. Mañana Mallorca volverá a sus 33 grados y Londres a 17, pero eso les da igual. Hoy pueden quejarse a gusto.

Un día por encima de los 20 grados no es que sea caluroso para esta gente, es que es abrasador, un auténtico scorcher que no hay quien lo aguante. Por aguantarlo no lo aguantan ni los trenes. He visto cancelar trenes porque las vías no soportan el calor (24 grados fuera). El Reino Unido tiene los trenes más caros de Europa, que no pueden circular con normalidad a temperaturas tan moderadas como esas. De eso es de lo que deberían quejarse: del pastizal que cuestan los billetes.

Llega el invierno siguiente y tú piensas que, bueno, a estas alturas ya han tenido tiempo de poner en marcha medidas para lidiar con los cuatro días de nieve que llegarán sí o sí, pero ¡qué va! La misma historia: un par de días de nieve (anunciados con antelación en los medios) y el país sumido de nuevo en un caos total. Con lo organizados que son para muchas cosas y lo desastres que son para otras. Después de seis años aquí no he visto cambio alguno y sigo sin explicármelo.

Parece que les gusta tener motivo para quejarse del tiempo.

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada de inglés y redactora de contenido (ICR Translations). Autónoma. Viajera frecuente. Rusófila. Escribo sobre Extremadura en Piggy Traveller.

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