Dubrovnik: el pasado turbulento de una ciudad idílica

2 de noviembre de 2016

Irene Corchado

Lo de Lord Byron con Dubrovnik fue amor a primera vista. Tan prendado quedó el poeta británico de su belleza que la bautizó como la Perla del Adriático. No sé si como una perla, pero la ciudad croata brilla. Brillan las aguas turquesas de sus playas, los tejados rojos de las casas y el blanco mármol de sus calles adoquinadas.

Dubrovnik es uno de los destinos turísticos más importantes de Croacia, y se nota. La cantidad de turistas que inunda esta pequeña ciudad cada día es abrumadora, incluso fuera de la temporada alta. Unos llegan por la mañana en barco y hacen un recorrido guiado a toda prisa antes de subir de nuevo al barco rumbo a la próxima parada. Otros consideran Dubrovnik el lugar ideal para una escapada de fiesta veraniega de fin de semana. Se bañan en las aguas turquesas de sus playas, observan los tejados rojos desde la muralla y caminan por las calles adoquinadas de mármol blanco. ¡Cómo brilla la perla!

Pero rascando un poco la impoluta superficie de los edificios del Stradum y doblando las esquinas de las calles menos transitadas aún se aprecian los estragos de un pasado turbulento que pasa desapercibido para muchos.

Entrar en la ciudad amurallada por la puerta de Ploce y ver el cartel que señala los edificios dañados durante el asedio a Dubrovnik, fue como recibir un 4,5 en un examen de historia. Me sonaba la guerra de los Balcanes como para decir un par de cosas, pero en realidad no tenía ni idea. Suspenso.

Parece mentira que la ciudad idílica que hoy recibe a miles de turistas fuera, hace veinticinco años, escenario de uno de los conflictos más complejos y sangrientos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. La tensión entre croatas y las minorías serbias del país aumentó enormemente tras la autoproclamación por parte de las minorías serbias de la llamada República Serbia de Krajina en abril de 1991. En junio del mismo año Croacia declaró su independencia y tan solo un mes después estalló el conflicto bélico.

Muchos pensaron que Dubrovnik se salvaría, que nadie se atrevería a destruir una ciudad patrimonio de la humanidad, pero el ejército popular yugoslavo (formado en su mayoría por serbios) no perdonó y el 23 de octubre de 1991 inició un fuerte asedio por tierra, mar y aire que duró más de siete meses. En ese tiempo Dubrovnik estuvo aislada del resto de Croacia y del mundo. Varios cientos de personas murieron durante el asedio, decenas de miles fueron evacuadas en barco y más del 60 por ciento de los edificios fueron destruidos.

Mi escapada a Dubrovnik fue una sorpresa hasta última hora que no me permitió dedicar tiempo suficiente a leer sobre la ciudad, como siempre hago antes de viajar. En las escasas tres horas que duró el vuelo devoré la pequeña guía turística que me habían regalado. Como suele ser habitual en las guías, el capítulo dedicado a la historia de la ciudad ocupa apenas una página, un resumen demasiado breve que solo sirve para abrir boca.

Cuatro días dan para mucho en un lugar tan pequeño como Dubrovnik. La lluvia intermitente y las tormentas del segundo y el tercer día nos obligó a sacar nuestra lista de lugares de interior (museos, iglesias, bares y cafeterías) a los que recurrir si el tiempo no acompaña o si el plan a del día no funciona por algún motivo (monumento en obras o cerrado, por ejemplo).

gunduliceva poljana, dubrovnik

En la placita con fuente a la que se accede por la puerta Pile hay dos pequeñas librerías que enseguida me llamaron la atención. Buscaba un libro sobre Dubrovnik de algún autor croata con el que aprender cosas de la historia reciente de la ciudad y pudiera leerlo durante el viaje y así acabé con A Dubrovnik War Story en mis manos. Es un libro corto que narra en primera persona el día a día de una familia durante el asedio. Anita y sus hijos Ivana y Vlaho escaparon en barco de la localidad de Orašac a Dubrovnik cuando su marido Tonći se fue al frente a luchar para defender la ciudad. Vivieron en casa de un pariente con la poca ropa de verano que pudieron coger de casa, pensando que el ataque no dudaría más que un par de semanas. Anita cuenta, de forma sencilla, sin rencor ni odio, cómo fueron los meses más duros de su vida. Habla de los bombardeos, de la escasez de agua y alimentos, del miedo constante, del hambre, de esperanza y de pérdida.

No es un libro de historia, sino una historia personal, como tantas otras, que da buena cuenta de lo que uno puede sentir en una situación tan trágica. Lo leí en un par de horas frente a un café en el bar del hotel Pucic Palace, mientras oía el golpeteo de la lluvia sobre los toldos de la terraza y los puestos de los vendedores del mercado que se resistían a dar por perdido un día de trabajo. Después de leer el libro vi la ciudad con otros ojos, de algún modo apreciando mejor la belleza reconstruida de Dubrovnik y tratando de imaginar cada edificio y cada calle durante el asedio.

Si tu visita a Dubrovnik es algo más que una parada de crucero dedica algo de tiempo a ver los sitios clave que puedan darte una idea del pasado trágico de la ciudad, para así apreciarla mejor. Entra en el palacio Sponza y contempla el memorial a los defensores, busca los impactos de bala en el monasterio franciscano y sube en el teleférico al monte Srdj para algo más que hacerte una autofoto. Visita el Museo de la Guerra de la Independencia de Croacia, ubicado en un antiguo fuerte que sirvió de refugio a los soldados que defendieron la ciudad durante el conflicto y que alberga una amplia exposición de documentos, armas, mapas, fotografías, vídeos y objetos que pertenecieron tanto a la población civil como a los militares.

¿Sueles interesarte por la historia reciente de las ciudades que visitas?

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada de inglés y redactora de contenido (ICR Translations). Autónoma. Viajera frecuente. Rusófila. Escribo sobre Extremadura en Piggy Traveller.

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