Diario de Siberia VII: Ulán-Udé, la capital de Buriatia

27 de septiembre de 2017

Irene Corchado

Llegamos a Ulán-Udé por la mañana temprano procedentes de Chitá. A pesar de haber tenido una noche tranquila en el tren estamos cansadísimos y venimos con ganas de ducha, así que no nos importa pagar extra para entrar en la habitación antes de las doce. Como mañana nuestro tren a Irkutsk sale por la mañana, he reservado alojamiento cerca de la estación para ahorrar tiempo. Sin embargo, con este nivel de cansancio el trayecto de diez minutos se me hace eterno y, como soy muy lista, me he cargado la suela de mis sandalias nuevas. Quería cambiar de calzado y supuse (mal) que habría una acera en condiciones desde la estación al hotel, pero ¡qué va! Tenía unos socavones y unas chinas que ni te cuento.

El hotel ocupa la primera planta de una jrushovka (así llaman a los edificios de viviendas de cuatro plantas construidos durante la época de Nikita Jrushov) y tiene unas doce habitaciones. La dueña es una señora de etnia buriata bajita y simpática que se sorprende gratamente cuando me oye hablar en ruso y me hace todo tipo de preguntas. Como nos ve cansados, nos da las llaves de la habitación enseguida y nos ofrece café. La bandeja del café llega mientras estoy lavando algo de ropa en el lavabo y es tan malo como esperaba: de nuevo café soluble diluido en agua caliente, con poca leche y demasiado azúcar. R dice que ese caldo azucarado no se lo bebe.

Después de descansar un rato salimos a buscar un sitio en el que desayunar. Mi mapa impreso y el de Google Maps no coinciden y damos una vuelta extraña por calles con edificios oficiales bonitos y cuidados y nos topamos sin querer con la estatua de la cabeza de Lenin más grande del mundo en la plaza Sovetov.

Cabeza de Lenin en Ulan-Ude, Rusia

Al otro lado de la plaza entramos en una cafetería tipo bufé que se llama Appetite y pagamos menos de 200 rublos (2,90 euros) por dos cafés de esos malos, cuatro bollos y un trozo de tarta. La cajera está empanada y no parece preocupada porque la cola pronto llegue hasta la puerta. En Rusia la gente come de todo a cualquier hora. Ahora mismo son casi las once de la mañana y nosotros estamos desayunando, pero en la mesa de al lado una señora come pizza y también vemos a gente comiendo sopa, carne con puré de patata y tartas.

Nuestro plan es subir a un templo budista (Datsan Rimpoche-Bagsha) en una colina a las afueras y cogemos la marshrutka 97 enfrente del hotel Бурятия Plaza, como tengo apuntado según los consejos de otro viajero con blog. Resulta que la furgoneta no sale enfrente del hotel, sino delante (me pregunto si el bloguero confundió «enfrente» con in front of), así que nos hemos montado en la furgoneta que va en dirección contraria. Tardamos una media hora en darnos cuenta, pero al menos así hemos visto un poco el sur de la ciudad, un accidente y el teatro por solo 20 rublos cada uno. La marshrutka correcta va a toda leche, como el resto de los coches. Según vamos subiendo la cuesta hacia el templo, vemos más casas de madera y calles de tierra, como en los pueblos.

Arriba en la colina hace mucho viento y no tarda en lloviznar, así que, aunque hemos desayunado hace poco más de dos horas, entramos en el restaurante cercano para tomar algo y usar el baño. Las vistas desde el restaurante son increíbles y cuando terminamos nuestras bebidas no tenemos ganas de salir, así que acabamos comiendo. En la mesa de al lado hay una suerte de reunión familiar donde se ve a leguas quién manda. Un hombre de unos cincuenta con americana y una camisa estampada demasiado apretada es el centro de atención de toda la mesa. Él es quien lleva la voz cantante en las conversaciones y gesticula con aires de persona importante. Las mujeres de la mesa no participan demasiado y se preocupan más de los niños.

Ha dejado de llover, pero el viento es aún fuerte. Subimos las escaleras que dan acceso al templo y lo rodeamos andando contemplando las vistas de la ciudad a nuestros pies. A la izquierda hay un templete con tubos gruesos metálicos con inscripciones y una campana enorme. En la ladera de la colina ondean miles de banderas de tela de colores con oraciones.

Nos montamos en una de las furgonetas que esperan vacías junto al templo y R insiste en que nos sentemos en la parte de atrás, pero cambia de opinión cuando ve una mancha de sangre de tamaño considerable en el cristal.

Ya en el centro vemos la placita de la Ópera y su fuente y bajamos por la calle Lenin cruzando el arco hasta una catedral blanca. A la vuelta queremos entrar en lo que parece un mercado de abastos, pero a través de un arco vemos que en el centro solo hay un patio descuidado con hierbajos. Con la buena pinta que tenía el sitio. ¡Vaya desilusión!

El museo histórico de la ciudad se ubica en una casa de madera en la calle Lenin. Es pequeño, la entrada barata y no hay nadie dentro. Alberga una colección sorprendentemente aleatoria de muebles de una familia local, ropa, juguetes y utensilios varios. Lo mejor son dos salas con fotografías antiguas de Ulán-Udé a principios del siglo XX, cuando era poco más que un fuerte de madera con un mercado y un hospital.

Al salir nos refugiamos de un tremendo chaparrón en un centro comercial de esos tan raros que solo tienen un par de tiendas. En la planta de abajo hay una tienda de carcasas de móviles, en la primera hay una tienda de electrodomésticos y en la de arriba hay una librería-papelería infantil. También hemos notado es que en Ulán-Udé casi no hay tiendas de alimentación en el centro. Solo hemos visto un supermercado.

En la cafetería Ethnocafé pedimos buuzi, el único plato de la zona que me atrevo a probar, porque las otras especialidades no suenan demasiado apetecibles (carne de caballo hervida, lengua de vaca, coxis de cerdo, omul salado). Los buuzi son unos saquitos de pasta con un agujero arriba que están rellenos de carne picada de cordero (a veces ternera) con cebolla. Se come con las manos. Coges un buuza, le das un mordisco y bebes un poco del caldo que suelta la carne. Normalmente lo sirven con patatas o ensalada de col. Como estaban muy calientes, partí el mío por la mitad y me lo comí con tenedor, seguramente un sacrilegio gastronómico que los buriatos nunca me perdonarán, pero es que aquello era lava pura.

Le damos una oportunidad a otro centro comercial, donde el 90 % de los locales son zapaterías y el resto tiendas de ropa de mala calidad, fea y cara. En el escaparate de una tienda de ropa interior hay unos calzoncillos para gordos con texto en inglés y chino: «Fat men’s underwear». Un mensaje claro, directo y fino donde los haya. El texto viene acompañado de la imagen de un hombre gordo con sombrero que pretende ser italiano.

El cansancio empieza a pasarnos factura y decidimos cenar temprano y volver al hotel para descansar. Mañana nos espera el último y prometedor trayecto en tren de nuestro viaje hasta Irkutsk.

Calle Lenin

Catedral

Stalin abraza a la hija de un delegado buriato (el señor de atrás, que normalmente eliminan de la foto). Los padres fueron asesinados poco después.

Lugares mencionados de Ulán-Udé en un mapa

Alojamiento en Ulán-Udé

Dónde nos alojamos nosotros: Hotel Shumak*
Dirección: Revolutsii 1905, d.32
Puntuación en Booking.com: 9,2/10
Ver más alojamiento en Ulán-Udé*

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada de inglés y redactora de contenido (ICR Translations). Autónoma. Viajera frecuente. Rusófila. Escribo sobre Extremadura en Piggy Traveller.

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