Autónomos digitales: 17 cosas de las que pasar un poquito

13 de agosto de 2018

Irene Corchado

Los autónomos tenemos la suerte de poder dedicarnos a lo que nos gusta, pero nuestra vida laboral es una montaña rusa de emociones. Tan pronto estás lleno de energía y positivismo como te sientes frustrado, agobiado o hasta el moño de todo.

Tenemos un montón de cosas con las que lidiar, como negociar un nuevo proyecto, seguir preguntando por esa factura que no nos acaban de pagar, promocionar nuestros servicios o mejorar nuestras habilidades. Y claro, con tanto en la cabeza resulta imposible mantener la motivación durante mucho tiempo seguido.

Habrá muchas formas de cabrearse menos e intentar mantener una actitud positiva, pero podemos empezar por una: pasar un poquito.

No me refiero a pasar de cosas importantes, sino de cosas superfluas y molestas que no nos aporten nada o sobre las que no tengamos control, para así centrar nuestra energía en lo bueno, lo positivo y lo realmente importante.

Pasar un poquito tiene una serie de ventajas:
1) Te ayuda a decir «no».
2) Te ayuda a no sentirte culpable o preocupado por decir «no».
3) Te ayuda a crear espacio mental que dedicar a otras cosas.

Saber si debes pasar un poco de algo o alguien requiere preguntarse si ese algo o alguien merece tu tiempo, energía o dinero. Si la respuesta es no, ya sabes. Y olvídate de lo que pienses lo demás. La opinión de otros está en la lista de cosas que uno no puede controlar, así que ¿para qué preocuparse?

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Aquí va una lista de 17 cosas de las que pasar un poquito (o mucho):

1. Levantarte temprano

Seguro que has leído entrevistas a emprendedores de éxito que comparten su rutina diaria, que empieza por levantarse a las cuatro o las cinco de la mañana. No te sientas mal por no ser capaz (o no querer) hacer eso. Mientras seas productivo y estés contento con cómo vayan las cosas, empieza el día cuando te parezca, que para eso eres tu propio jefe.

2. Estar en todas las redes sociales

Estar presente en las redes sociales tiene muchas ventajas, pero puedes volverte loco intentando usarlas todas. Elige aquellas con las que te sientas más cómodo y céntrate en sacarle el mayor partido.

3. Aceptar todas las solicitudes de contacto de LinkedIn

Si no tienes nada en común con quien te envía la solicitud o recibes solicitudes de desconocidos que ni se molestan en presentarse, no tienes por qué aceptarlas. Habrá quien te diga que ser demasiado selectivo te hará perder oportunidades y quizá tengan razón. Sin embargo, si te molesta recibir mensajes de jefes de recursos humanos cada dos por tres o simplemente tienes una política personal de solo añadir a gente con intereses comunes, haces bien.

4. Recoger paquetes para los vecinos

Si te llevas bien con tus vecinos y no te importa recoger paquetes para ellos, genial; pero no te sientas obligado a ser el punto de entrega de los paquetes de toda la calle solo porque seas el único que trabaja desde casa.

5. Aceptar todos los proyectos

Rechazar proyectos es difícil cuando te encanta lo que haces. Los autónomos solemos aceptar siempre todos los proyectos y acabamos más estresados de lo deseable. Haz un esfuerzo extra solo si el cliente lo merece, pero no te pases o acabarás quemado.

No hay que sentirse culpable por rechazar un proyecto si no tienes disponibilidad para trabajar en él con garantías, no se ajusta a tus especialidades o simplemente no te apetece. Clic para tuitear

 

6. Clientes que regatean las tarifas

Siempre va a haber clientes que crean que cobras demasiado, así que no te preocupes. Si has investigado el mercado antes de establecer tus tarifas, no las bajes y nunca cobres menos de tu tarifa mínima. Cuando un cliente potencial intente regatear un precio, explícale con detalle el valor de tu servicio. Si, aun así, no tiene pinta de querer aceptar el presupuesto, no te lo tomes a mal. En lugar de eso, céntrate en el siguiente proyecto y en buscar los clientes que quieres (los que estén dispuestos a pagar tus tarifas).

7. Trabajar gratis

Suelen enmascararlo como trabajo a cambio de «visibilidad». No malgastes tu tiempo cabreándote si una empresa enorme con unos beneficios multimillonarios te hace una propuesta ridícula e insultante como trabajar gratis o en plan trueque. Evita la tentación de responder en caliente. Ten a mano una serie de plantillas de correos electrónicos que adaptar y utilizar en estos casos y, si el (no) cliente se pasa de la raya, envíale este vídeo.

8. Responder a todos los correos

Bastante tienes con responder a los correos de los clientes, como para responder a todos los mensajes irrelevantes que te llegan. Ya sabes, empresas que no conoces y que escriben vendiéndote servicios para mejorar tu web, pidiéndote opinión sobre su plataforma o buscando enlaces. Quizá pienses que todo el mundo se merece una respuesta, incluso si no te interesa lo que ofrecen, pero cuando estás hasta arriba de trabajo no tienes tiempo de responder a todos los correos, así que prioriza a quién respondes.

9. Responder a correos en masa

Recibes una solicitud de presupuesto de un cliente potencial y piensas: «Mira, qué bien». Luego te das cuenta de que hay otras 25 personas en copia. Quien haya enviado el mensaje está buscando al proveedor más baratito, créeme. Quizá no sepa muy bien cómo funciona la configuración de los correos electrónicos. O quizá lo haga a propósito para meter presión y que así los receptores se peguen por responder antes que nadie y ofrecer un precio más barato. En este caso, no es que tengas que pasar (que también), sino que deberías llamarle la atención por infringir el Reglamento Europeo de Protección de Datos.

10. Clientes que desaparecen

A veces pasa. Envías un presupuesto y no recibes respuesta. Dejas pasar unos días, escribes de nuevo y nada. El cliente potencial no da señales. Es normal que te afecte, sobre todo después de pasarte un buen rato con la persona al teléfono, analizando archivos e instrucciones y preparando el presupuesto. La próxima vez que envíes un presupuesto, hazlo sin expectativa de que lo acepten.

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11. Comentarios desagradables en tu blog

La sección de comentarios está ahí para que tus lectores compartan opiniones sobre tus artículos y se creen debates interesantes. La gente puede no estar de acuerdo con lo que escribes, pero eso no les da derecho a faltar al respeto y ser maleducados o insultar. Bórralos.

12. Aprobar comentarios con enlaces

Comentar en otros blogs es una práctica muy habitual para conseguir un enlace a tu página. Mucha gente escribe frases insulsas o que nada tienen que ver con el contenido del artículo solo para incluir un enlace. Si el comentario no es relevante ni útil para el resto de los lectores y se ve a leguas la intención y que ni siquiera se han leído la entrada, no te sientas obligado a aprobarlo.

13. Compañeros que cobran de menos

A veces te llega un proyecto demasiado grande para ti, pero demasiado bueno para rechazarlo, así que ayudas al cliente a crear un equipo con otros compañeros para trabajar juntos. Los buenos compañeros se ponen de acuerdo para cobrar lo mismo al cliente, pero algunos luego cobran menos con la intención de llevarse más trabajo que tú. Puede, incluso, que acabes sin proyecto si el cliente decide repartir el material entre los compañeros que cobren menos. Si te ocurre, ya sabes con quién no debes contar para otra vez.

14. Recomendar a gente con la que no has trabajado

Es comprensible que quieras echar un cable a ese conocido al que no le van bien las cosas ahora, pero la cosa puede salir mal y no querrás ser el que recomendó a esa persona y quedar mal por intentar ayudar. Si no has trabajado con alguien y no puedes poner la mano en el fuego por él, no pases sus datos a nadie. Lo mismo va para las recomendaciones en LinkedIn.

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15. Antiguos compañeros de clase que te hacen la pelota

Los buenos amigos lo seguirán siendo, da igual lo lejos que viváis o cuándo hayáis hablado por última vez y está genial poneros en contacto después de un tiempo y ayudaros. Otra cosa son esas personas que, sí, te suenan, pero con las que nunca hablaste en cuatro años de carrera y te escriben de pronto en un tono sospechosamente amigable. Ahora que te van bien las cosas el número de solicitudes de amistad se ha disparado, pero no tienes por qué ayudar a todo el mundo (si no quieres) solo porque os cruzasteis una vez en los pasillos de la facultad.

16. Criticones de Facebook

Si estás intentando reducir el número de gente tóxica que te rodea, no te olvides de estos. Sus muros son una infinita colección de quejas, críticas, cabreos y negatividad. Si no quieres dejar de seguir a alguien, las opciones de «Ocultar publicación» y «Ocultar a X durante 30 días» te resultarán muy útiles. De nada.

17. Amigos espabilados

Ya sabes quiénes son: los que quieren que les «mires por encima» su currículo, o «traduzcas estas dos paginitas de nada» ahora mismo y con descuento, o incluso gratis. Lo haces una vez, porque son amigos y crees que ahí quedará la cosa, pero vuelven una y otra vez con peticiones para que le hagas esto o aquello gratis. Algunos ni siquiera son amigos; son parientes o conocidos que se creen con derecho a recibir trabajo gratis por el mero hecho de conoceros o estar emparentados.

LECTURA RECOMENDADA: Si quieres aprender a pasar un poquito de ciertas cosas, a dejar de estresarte y a no intentar complacer a todo el mundo, echa un ojo a este libro (en inglés): The life-changing magic of not giving a f**k

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Irene Corchado Resmella

Irene Corchado Resmella

Traductora jurada de inglés y redactora de contenido (ICR Translations). Autónoma. Residente en Oxford. Viajera frecuente. Rusófila. Escribo sobre Extremadura en Piggy Traveller.

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