Mi amigo Enrique, autor de Consejero Viajero y al que conocí en el TBMPlasencia el mes pasado, me ha invitado a participar en un reto a blogueros de viaje que consiste en contar nueve cosas que sabes hacer cuando viajas.

Aunque con algo de retraso, las comparto a continuación:

maleta

1.   Viajar con el asiento de al lado vacío en el autobús

No me digas por qué pero, a menos que el autobús vaya lleno, suelo tener la suerte de que la gente no se sienta al lado. Que conste que no huelo mal, no tengo bigote y no pongo mis cosas en el asiento contiguo ni me valgo de artimaña alguna para ahuyentar a la gente (como poner cara de estar cabreadísima o toser mucho). A veces apetece hablar con alguien en trayectos largos, pero la verdad es que se agradece tener dos asientos para ti sola cuando estás cansada o no estás de humor para que te interrogue la señora de pueblo de turno.

2.   Perderme

Pensarás que perderse no es algo de lo que enorgullecerse o añadir en una lista como esta, pero lo mío es un caso de desorientación tan aguda que debe de requerir algún tipo de habilidad. Como no acertar ningún resultado en la Quiniela (algo que he hecho en varias ocasiones). Dependo totalmente de mapas y del GPS del móvil para moverme por ciudades que no conozco. Puedo aprenderme el mapa de una zona de memoria, hacer el recorrido de forma virtual con el muñequito de Google Street View y aun así salir de la estación y empezar a andar en dirección contraria. Siempre empiezo a andar en dirección contraria. Siempre.

3.   Dormir en cualquier medio de transporte

Sí, en cualquiera. En coches, trenes, metros, autobuses de ruta, aviones… Incluso en vuelos de Ryanair. Es sentarme en algo en movimiento y quedarme dormida a los pocos minutos. Una vez conseguí dormir en todos los medios de transporte que utilicé para ir a Extremadura: en el tren de camino al aeropuerto, en el avión (antes incluso de despegar), en el autobús (siempre pongo la alarma para que no se me pase la parada) y en el coche.

4.   No olvidar el cepillo de dientes

Estoy muy concienciada de la importancia que tiene la higiene bucodental y el cepillo de dientes es de las primeras cosas que meto en la maleta. Me siento muy incómoda si no puedo lavarme los dientes después de comer algo, hasta el punto en que llevo cepillo y pasta de dientes en el bolso incluso cuando hago escapadas de un solo día.

5.   Viajar con maleta de mano

Antes viajaba con maletones enormes repletos de cosas «por si acaso» como 30 sobres de Espidifen y 16 pares de calcetines. Ahora intento, en la medida de lo posible, viajar solo con maleta de mano. Bueno, excepto cuando voy a Extremadura. Cuando voy a casa facturo una maleta vacía y la traigo llena de un montón de cosas buenas de la tierra. Cuando voy a otros sitios llevo un par de zapatillas, dos pares de vaqueros, tres camisetas, bolsa de aseo pequeña, cámara, cargador, gafas… ¿Para qué más? Meta lo que meta siempre hay cosas que luego no utilizo. Así que cada vez viajo más ligera de equipaje.

6.   No conducir

Me encantan las rutas en coche por varias razones, pero una de ellas es porque yo no conduzco. Yo soy la que disfruta del paisaje durante un rato y duerme el resto del trayecto. Sí, soy bastante egoísta. Y miedica. Me saqué el carné de conducir en 2009 justo antes de mudarme a Dublín. No he vuelto a vivir en España desde entonces y en estos años nunca he necesitado coche, por lo que mi experiencia al volante es nula. Como ya llevo más de tres años en el Reino Unido mi carné aquí ya no vale, así que tengo una excusa válida para no conducir (al menos aquí) hasta que me saque el británico.

7.   Disfrutar de un buen libro

Llámame antigua, pero no me van los libros electrónicos. Entiendo que son muy útiles para el viajero porque son ligeros, pero donde esté un libro en papel que se quiten los electrónicos. Bastante tiempo paso ya enfrente del ordenador como para relajarme leyendo en otra pantalla. No, gracias. Me gustan los libros en papel porque puedo oler las páginas, subrayar frases que me gustan o apuntar vocabulario nuevo. Y no hay que cargarlos.

8.   Quemarme como un cangrejo

Pensarás que como vivo en Inglaterra cuando viajo me paso el día tumbada al sol cual lagartija ansiosa por coger un poco de color, pero te equivocas. Me pongo el sol solamente a ratos durante los primeros días de playa, pero me quemo muy fácilmente. Uso crema solar de alta protección incluso para andar por la ciudad (el año pasado me quemé los hombros de lo lindo simplemente andando por las calles de Lisboa a primeros de mayo). Aquí mis amigos guiris bromean y me dicen que para eso soy muy poco typical Spanish.

9.   Descifrar palabras en idiomas que no hablo

Claro ejemplo de de-formación profesional como traductora. Viajar me da la oportunidad de practicar los idiomas que hablo y aprender alguna palabrilla en los que no hablo. Siempre que tengan alfabeto latino o cirílico, claro. No pido un plato en un restaurante hasta que no entiendo todo lo que pone en el menú (no sea que me pierda algo delicioso) y mientras tú compras leche en un supermercado griego yo seguramente esté intentando leer la etiqueta de los yogures. Porque, puede que no entienda ni papa de griego moderno, pero aún recuerdo mis clases de griego antiguo en el instituto y conozco el alfabeto. Y si una palabra no se parece a ninguna en español, puede que se parezca a una en francés o en ruso y acabe descifrándola. Y el yogur me sabrá a gloria bendita.

Ahora es el turno de que otros blogueros compartan sus habilidades. ¡Animo a KrrteAndo, Próxima parada la luna y Un mundo para 3 a participar en el reto!

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IRENE CORCHADO RESMELLA

Irene Corchado ResmellaTraductora jurada de inglés y redactora de contenido autónoma que trabaja desde Oxford como ICR Translations. Extremeña, rusófila y viajera frecuente.

 

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